Miguel A. Altieri y Clara I. Nicholls
La amenaza del cambio
climático global ha causado preocupación entre los científicos ya que los
factores climáticos indispensables para el crecimiento de los cultivos, como
son la precipitación y la temperatura, se verán severamente afectados e
impactarán sobre la producción agrícola. Aunque los efectos de los cambios en
el clima sobre la producción de cultivos varía de una región a otra, se espera
que los cambios pronosticados tengan efectos de gran alcance principalmente en
los países con zonas tropicales que, por su regímen de precipitación, se
clasifican entre semiáridas y húmedas.
Estos impactos ya se sienten en los
países del Sur, donde también se espera un aumento en las precipitaciones que
producirán daños en los
cultivos por erosión de los suelos o, en algunos casos, por inundaciones. El incremento en la intensidad de los ciclones
tropicales causará daño en los cultivos de ecosistemas costeros, mientras que
al subir el nivel del mar los acuíferos costeros se salinizarán.
En zonas
semiáridas se espera una mayor frecuencia y severidad de sequías y calor
excesivo, condiciones que pueden limitar significativamente el crecimiento y
rendimiento de los cultivos.
En muchos países, la
población rural más pobre vive en áreas expuestas y marginales, y en
condiciones que los hacen muy vulnerables a los impactos negativos del cambio climático.
Para estas personas, aun los menores cambios en el clima pueden tener un
impacto desastroso en sus vidas y medios de sustento. Las consecuencias pueden ser muy profundas
para los agricultores de subsistencia ubicados en ambientes
frágiles, donde se esperan grandes cambios en su
productividad, pues estos agricultores dependen de cultivos
que potencialmente serán muy afectados; por
ejemplo, alimentos básicos como maíz, frijoles, papas o
arroz. Muchos investigadores expresan mayor preocupación
por aquellas zonas donde la agricultura de subsistencia es la
norma, pues la disminución de tan solo una
tonelada de productividad podría llevar a grandes
desequilibrios en la vida rural. Sin embargo, resultados de
investigaciones recientes sugieren que muchos agricultores se
adaptan e incluso se preparan para el cambio climático,
minimizando las pérdidas en productividad mediante la mayor
utilización de variedades locales tolerantes a
la sequía, cosecha de agua, policultivos, agroforestería,
desyerbe oportuno, recolección de plantas silvestres y
una serie de otras técnicas. Estos resultados hacen necesario
revaluar la tecnología indígena y tradicional como
fuente imprescindible de información sobre la capacidad
adaptativa que exhiben algunos agricultores para enfrentar el
cambio climático. Aun hoy, en la primera década del
siglo XXI, hay en el mundo millones de pequeños
agricultores tradicionales o indígenas que practican tipos
de agricultura que proporcionan a los agroecosistemas una
capacidad de resiliencia notable ante los continuos
cambios económicos y ambientales,además de contribuir
sustancialmente con la seguridad alimentaria a nivel
local, regional y nacional.
Se predice que el
calentamiento global dará lugar a una variedad de efectos
físicos que afectarán negativamente la producción
agrícola. Entre estos habría que destacar: el aumento en la temperatura del agua del mar, junto con la pérdida
parcial de glaciares, cuyo resultado será un incremento
del nivel del mar. Ello podría plantear una amenaza
en las áreas costeras, donde se verá afectado el
drenaje de agua superficial y subterránea, y habrá una intrusión
del agua de mar en los estuarios y
acuíferos.
• la pérdida de materia orgánica del suelo por calentamiento; las temperaturas más
altas del aire pueden acelerar la
descomposición de la materia orgánica y afectar la fertilidad
del suelo.
• las estaciones de crecimiento más largas pueden permitir a varias especies de
insectos plaga completar un mayor número de
generaciones por año y también propiciar la
proliferación de enfermedades de las plantas, con el
consecuente incremento de pérdidas en las cosechas.
La mayoría de los
modelos del cambio climático predicen que los daños serán
compartidos de forma desproporcionada por los pequeños
agricultores del tercer mundo, y, particularmente,
por los agricultores que dependen de regímenes de lluvia
impredecibles. Hay autores que predicen una reducción
total del 10% en la producción del maíz en el año 2055 en
África y América Latina, equivalente a pérdidas de dos mil
millones de dólares por año.
Estas pérdidas de la
producción se intensificarán de acuerdo con el incremento en las
temperaturas y las diferencias en la precipitación.
Algunos investigadores predicen que el cambio climático
reducirá la producción de cultivos, por lo que los efectos sobre
el bienestar de miles de agricultores familiares serán muy
severos, especialmente si el componente de la productividad
de subsistencia se reduce. Estos cambios en la calidad
y la cantidad de producción pueden afectar la
productividad del trabajo de los agricultores e incluso
afectar negativamente la salud de sus familias.

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