Como se mencionó anteriormente, el ecotráfico en Latinoamérica es un negocio multimillonario, que además de formar parte del crimen organizado trasnacional, han dañado severamente bosques y selvas de esta región; dentro de los ilícitos más lucrativos, están el tráfico de madera y vida silvestre, los cuales funcionan para el comercio interno y externo, sin que por ello mantengan las mismas rutas.
En el mercado interno el comercio de fauna exótica, incluye desde la venta de especies como tortugas e iguanas (destinadas al sector colombiano), hasta la oferta de carne de cocodrilo dirigida a los brasileños.
Con el ecotráfico al igual que en el narco, los grandes dividendos se obtienen por las ventas foráneas (principalmente coleccionista estadunidenses y europeos), lo que supone el contrabando de animales y plantas, o en su defecto, legalizar los productos antes de exportarlos, operaciones similares al lavado de dinero.
Una vez concluidos los negocios, al margen de ferias comerciales, es usual que los criminales lleven a los animales (o plantas) en aviones, sedados y ocultos en maletas o pegados al cuerpo de los contrabandistas. Si las especies están muertas, son mezcladas con mercancía lícita antes de pasar por las aduanas.
Tal vez la mejor muestra de este modus operandi, asevera Ortiz, son las granjas colombianas de caimanes, cuya piel es empleada para elaborar productos de lujo y es sacada de legalmente. El gran negocio, es que cuentan con una sobreventa, misma que se alivia con huevos y crías adquiridos en el mercado negro.
Para el trasiego de madera, las operaciones no distan en demasía, y los productos se blanquean de forma similar con sus asegunes. ”La madera es más difícil, ya que es más complejo ocultar troncos que pájaros, por lo que se necesita de una ilegalidad más sutil por parte de las personas que saben cómo utilizar el sistema y hacer uso de los documentos”, detalla el directivo de Traffic.
Aunado a ello, la corrupción de funcionarios es fundamental, pues ya sea con el uso de permisos apócrifos u otros en apariencia legales, basta con guardar la mercancía y pagar para que se mueva, indica Jorge Ríos, jefe del Programa Global (GP, por sus siglas en inglés).
Respecto a los principales mercado fuera de América Latina, el propio Ríos señala que Asia se coloca en primer lugar, en mayor medida para la madera “lavada”, aunque una buena porción tiene como destino Estados Unidos, Europa o incluso regresa a Latinoamérica.
Esta última, funciona con lo que InSight Crime define como “la clásica trinidad de la ilegalidad”, es decir, crimen organizado, empresas corruptas y funcionarios cooptados.

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