Las comunidades iindígenas se constituyen en una importante reserva moral de la humanidad a la hora de preservar el frágil equilibrio ecológico. En este ultimo año me ha tocado ser testigo presencial de una gran devastación a los bosques en la zona norte de nuestro departamento. Lo que hace 50 años constituía una gran floresta, hoy a nombre de la "modernidad", miles de hectáreas de tierra han sido devastas para convertirse en nuevas urbanizaciones que albergaran una creciente población humana que se desplaza silenciosamente con la consiguiente presión sobre los recursos naturales.
Para tomar un simple ejemplo, las comunidades indígenas guaraníes del Municipio de Warnes han quedado atrapadas en un callejón sin salida, al haber quedado atrapadas por las haciendas de los grandes terratenientes en los cuatro puntos cardinales. Estas haciendas agrícolas por lo general se dedican a la producción de cultivos industriales como la soya y la caña de azúcar.
A pesar de ello hemos sumado esfuerzos para sensibilizar a la población con respecto a la gran necesidad de preservar el medio ambiente rural evitando toda forma de presión sobre los recursos naturales locales, obviamente el trabajo queda corto cuando en estos eventos públicos no participan los grandes productores agrícolas que tienen mucho que decir y hacer con respecto a estos temas.

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